Toca hoy rectificar, lo que no
implica otra cosa que el reconocimiento de una evidencia, sin necesidad de
aprovechar la ventaja de un refrán que en este caso no se cumple. Había,
además, un compromiso adquirido en el primer lance, así que no se trata tanto
de sabiduría como de memoria para saldar una deuda adquirida por escrito. El
que paga, descansa.
Algún lector quizás recuerde que en
mis columnillas de agosto y septiembre pasado, puse más que en duda la
prudencia de la autoridad educativa al decidir una vuelta a la normalidad
presencial sin apenas otras adaptaciones que buenos consejos obviando una
disminución, siquiera temporal, de las ratios que consideré imprescindible para
evitar un desastre. Nada que ver con las medidas impuestas a tantas empresas, a
las que obligamos a entender que la salud debe prevalecer sobre el negocio, por
mucho que para ellas no exista una cosa sin otra. Bien, pues ha pasado medio
curso y no se han producido, por ahora y que sepamos, la debacle que temí y
posiblemente anunciaba.