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jueves, mayo 20, 2021

Saber irse.

 


Al llegar me encantó, en el más amplio sentido del verbo, lo mismo que debió ocurrirle a mucha gente. Es verdad que la experiencia debiera servirnos para tamizar los resplandores, pero la condición humana no aprende y siempre deja un hueco receptivo a la invasión por el embrujo de la magia, sobre todo si viene envuelto en tus propios lugares comunes y coincide con fijaciones antiguas. Te crees en posesión de un pensamiento maduro pero no te resistes a confundir un mitin con el encanto melodioso de un sermón de las bienaventuranzas.

sábado, abril 24, 2021

En defensa del otro

 


Parece que no fue Voltaire el autor de la frase y quizás tampoco la escribió su biógrafa con la literalidad que se cita, pero doy por cierto que proclamar el derecho que tiene un contrario a expresar sus ideas, incluso estando en desacuerdo con ellas, queda muy bien y añade una pátina democrática al hablante. Llevarlo a la práctica será otro cantar y no hace falta pisar charcos cuando es suficiente observar acontecimientos y opinar lo mínimo. Tampoco hay que poner etiquetas para lo que está a la vista de todos o lo que, aun escondido, se adivina.

sábado, marzo 20, 2021

Nos enseñan a ser violentos

 


Los años dedicados a la enseñanza y la observación del comportamiento humano dejan algún poso de certeza, por poco valor que se le otorgue a la experiencia o al interés por aprender con ella. Por eso, cuando se oye hablar de violencia en las calles, uno recuerda también la de las aulas, en las que podía insinuarse una especie infame, no siempre menor de edad, que compensaba su escasez de habilidades imponiendo la dictadura de la fuerza bruta. Tarea de los responsables era intervenir, evitando que los matones asumieran un método eficaz para sus fines y los demás una forma cobarde de supervivencia. Cualquier ocasión enseña y peor que no enseñar, es hacerlo mal.

sábado, febrero 13, 2021

Sin ser sabio

 


Toca hoy rectificar, lo que no implica otra cosa que el reconocimiento de una evidencia, sin necesidad de aprovechar la ventaja de un refrán que en este caso no se cumple. Había, además, un compromiso adquirido en el primer lance, así que no se trata tanto de sabiduría como de memoria para saldar una deuda adquirida por escrito. El que paga, descansa.

Algún lector quizás recuerde que en mis columnillas de agosto y septiembre pasado, puse más que en duda la prudencia de la autoridad educativa al decidir una vuelta a la normalidad presencial sin apenas otras adaptaciones que buenos consejos obviando una disminución, siquiera temporal, de las ratios que consideré imprescindible para evitar un desastre. Nada que ver con las medidas impuestas a tantas empresas, a las que obligamos a entender que la salud debe prevalecer sobre el negocio, por mucho que para ellas no exista una cosa sin otra. Bien, pues ha pasado medio curso y no se han producido, por ahora y que sepamos, la debacle que temí y posiblemente anunciaba.