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viernes, julio 12, 2019

Romper tópicos

Aborrezco los tópicos con la misma reiteración que me abrazo a ellos, pero considero una suerte descubrir que nos equivocamos con frecuencia y aprovechar para aprender por el común y antiguo camino del ensayo y el error. Debería admitir, para comenzar, que uno de mis sarpullidos más recurrentes ha sido siempre la gestión de asuntos relacionados con la burocracia. Después de muchos años bregando y formando parte de la administración pública, había llegado a asumir que un gran número de las personas que trabajan en un despacho, son piezas de una maquinaria necesaria, casi siempre insustituible, pero normalmente alejada de las circunstancias personales de los usuarios. 

Pedir turno para una gestión urgente y encontrar una cola interminable, atendida por el funcionario más lento del mundo, puede ser la pesadilla de muchos. Con frecuencia, nuestro personaje se halla rodeado de otros compañeros muy serios que escudriñan pantallas ocupados en asuntos inaplazables con una dedicación que pone en duda su existencia, la de las prisas o el movimiento del mundo. La mínima prudencia impone un silencio –romperlo sería un error de fatales consecuencias – pero cuesta sustraerse a calcular el ahorro de horas que tendría el país si se priorizara la atención a los que esperan, igual que a veces hacen en el súper. Ocurre alguna vez, y no es una excepción, que en pleno éxtasis administrativo, se caiga el sistema y haya que llamar a los informáticos, cosa de la que nadie tiene culpa. Las miradas impacientes al reloj tampoco mejoran nada, así que mejor ahorrar gestos inapropiados.

domingo, junio 09, 2019

Yo confieso

Aunque me cueste, debo confesar mi culpabilidad en la muerte de Verónica. Ya conocen el caso de esta madre de 32 años, trabajadora en una empresa que monta camiones, a la que la vida se le ha hecho insufrible tras la difusión entre la mayoría de sus 2.500 compañeros de trabajo, de un vídeo de contenido sexual que ella misma se había grabado cinco años antes, cuando pensaba ingenuamente que era dueña de administrar su imagen. Nadie podía prever que las miradas inquisitivas, los cuchicheos o el ejercicio libertario de compartir un contenido, iban a tener esa consecuencia; así que, en previsión de que la responsabilidad se diluya en un nadie impersonal, voy a proclamar mi derecho a ejercer de acusado. Cada cual piense lo que quiera a la hora de ponerse a solas delante del espejo. 

lunes, mayo 13, 2019

Ruido de urnas y tambores

Por mucho que disfruten con los desfiles procesionales, coincidirán conmigo en que esperar a que pasen, dependiendo del sitio, se hace interminable. En tal caso, uno tiene un amplio abanico de posibilidades para entretener el tiempo además del socorrido recurso al móvil, que parece la ocupación que gana más adeptos para ese tipo de situaciones. A mí algunas veces me da por pensar y descubro con frecuencia lo ocurrente que puede ser una mente ociosa con tal de que tenga algo de tranquilidad, tiempo y persistencia. Cuando le coges el punto, se te puede hacer hasta corta una espera.  

En esas andaba la pasada semana santa, situado previamente en un rinconcillo tranquilo y poco utilizable como paso de peatones -una mala suerte que me persigue- cuando me puse a cavilar sobre la curiosa circunstancia que ha hecho coincidir estas fiestas con la campaña electoral. Este aumentaba la probabilidad al concentrarse en primavera más de una convocatoria democrática, pero no es la primera vez que ocurre, pues hay un antecedente en las municipales de 1931. Aunque a nadie le parezca una casualidad propicia, será luego ocasión para que los perdedores encuentren razones a su fracaso y los favorecidos por las urnas añadan mérito a su logro.

sábado, abril 13, 2019

Lucky corto

Fiel a su estilo de silencioso observador, hizo el último mutis para marchar con el menor ruido posible casi a finales del año pasado. A lo largo de un tiempo divirtió a los lectores de El Corto de Loja con relatos cotidianos llenos de imaginación e ingenio, cuya lectura destila una intención inequívoca de reírse de su propia sombra sin hacer daño a nadie. 

Tratando de evitar el homenaje fácil, mucho menos póstumo, debo reconocer al admirado columnista que supo hacernos reflexionar desde el humor fino, directo y respetuoso en cada entrega de su “Adónde vamos a llegar!”. Hace pocos días lanzaba Manolo Martín la idea de que se editara una recopilación de estos escritos, cosa que aplaudo añadiendo que su lectura sigue provocando hoy la hilaridad del lector y goza, en algún caso, de parecida actualidad. 


Aunque coincida con el viento que sopla en la hora triste de las alabanzas, transcribo aquí una carta abierta que le envié al periódico con fecha de octubre de 1998, hace algo más de 20 años.