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sábado, julio 16, 2016

Cuatro años ya

Va a ser ésta una columna falta de objetividad, cortada por la obstinación y un obituario a deshora. Enviada en su tiempo, esperé en vano su publicación hasta que, al pedir explicaciones, un encargado de la redacción condicionaba este necesario desahogo a la importancia y carácter público del fallecido, categoría en la que no podían entrar mis cálculos, por consistentes que fueran mis razones.

jueves, junio 16, 2016

Antes de nada

No es la primera vez y tampoco creo que sea la última. Con una columna preparada para saldar una vieja cuenta que mantengo con quienes realizan uno de los trabajos más duros que conozco -los estudiantes- me sorprende la urgencia de otros acontecimientos y se cruza una idea que desplaza lo previsto. Dejo para la próxima entrega, si me aguanta la redactora, esta deuda con los libros para lanzar una andanada a la corrupción, que amenaza con ahogarnos o con otro peligro no menor, el de acostumbrarnos a convivir con ella. Sin entrar en honduras lingüísticas, el término aproxima a cualquiera a la idea de podredumbre, putrefacción y mal olor. 

viernes, mayo 13, 2016

Bicicletas

De siempre me han gustado las bicicletas. Tal vez porque, en lo más profundo de mis recuerdos infantiles, sigue vigente el deseo inalcanzado de tener una nueva, lo que sólo pudo paliarse, en parte, con una Frankenstein a pedales, resultado de la unión de piezas de otras, repintada mil veces y cedida en herencia forzosa por un amigo de mi hermano mayor cuando emprendía la incierta aventura de la emigración a Cataluña.  Es difícil que la compra posterior de los coches que he tenido me haya supuesto mayor ilusión que aquel legado que me ofrecía evasión y libertad, a cambio de entrar en el peligroso mundo del tráfico rodado y acceder por vez primera a la propiedad privada.  

domingo, abril 10, 2016

Por ejemplo

Hace poco tiempo dediqué esta columna a comentar una tendencia de los humanos, también de las sociedades, a responder con impulsos –pocas veces útiles- ante los sucesos más o menos impactantes y califiqué esas respuestas de “oleadas”. Debo pedir perdón por aplicar este término a la que provoca en casi todos algo tan doloroso como los recientes atentados perpetrados en Paris y en Bruselas, para decir “por ejemplo”, pero si quedó alguna duda de nuestro comportamiento y forma de actuar como masa en éstos y parecidos casos, observemos en segundo plano, puesto que ya habrán aparecido análisis cualificados, fruto de sesudos estudios elaborados  por gente que sabe mucho de esto.