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viernes, marzo 13, 2020

Miedo al miedo

 



El miedo es una emoción primaria, quizás crítica en la continuidad de la especie, que protege nuestras vidas mediante la percepción de peligro, de manera que la voluntad pueda optar por evitarlo. Previene ante lo desconocido desencadenando un sistema de alerta que analiza la situación en busca de una estrategia capaz de encontrar la respuesta que haga más probable la integridad.  

En el esquema evolutivo irracional, el mecanismo del miedo encuentra mayoritariamente dos salidas: el ataque, cuando la razón prevé seguridad de éxito y la huida o evitación, cuando existe duda o certeza de fracaso. Se supone que los racionales tenemos un cierto grado de control del miedo y por ello cabe esperar que una gestión razonada nos proporcione alternativas suficientes para decidir la respuesta óptima. El problema aparece cuando la cuestión exige una rapidez que simplifica el análisis o deja directamente las riendas en manos de un sistema límbico que asegura solamente el instante sin prever lo que sigue. Ahí tenemos los ejemplos de huidas que nos ponen en peligros mayores que los evitados, como el volantazo que nos saca de la carretera por esquivar un peligro menor.  

jueves, febrero 13, 2020

Si fuera juez

 


Por convencimiento y también por razones profesionales, siempre he proclamado que cualquier persona puede llegar hasta donde se proponga, si compromete voluntad y trabajo en ello. Aún mantengo este principio, pero con alguna matización que aplico para mí, en primer lugar porque cada uno debiera conocerse mejor que nadie y luego, porque me ahorro el atrevimiento de opinar sobre otro. El caso es que yo no podría ser juez por falta de objetividad pero sobre todo, por estar dispuesto a reconocerlo.

No podría dormir, ni siquiera excusando la versión frívola que la actualidad ha dado a esta  expresión, lo cual no me impide caer, como humano, en la abundante debilidad de creerme capacitado para arreglar cualquier entuerto de forma pronta y eficaz. Probable residuo de la mínima parte de herencia quijotesca que me corresponde. 

lunes, enero 13, 2020

Nos hacen torpes


 Hubo un tiempo, es verdad que lejano, en el que el dominio de la lectura y la escritura marcó una frontera que nos clasificaba y permitía el acceso a la mayoría de conocimientos. Por inevitable fortuna, dejamos atrás ese filtro mientras aparece otro, de más amplio cometido, como es la utilización de automatismos y medios digitales que se adornan de pretendidas facilidades para nuestra vida, al precio de hacernos más diferentes frente a las complicaciones que asumimos.

Para muestra, el empeño de las entidades bancarias en proponernos operaciones que debemos hacer nosotros mismos – manteniendo las comisiones- para cualquier gestión. No se conforman con que sepamos sacar dinero del cajero automático, sino que insisten para que aprendamos a pagar con el móvil y otras tareas que harán innecesarios los puestos de trabajo de los mismos que nos enseñan.

viernes, diciembre 13, 2019

El patito feo

Reconociéndonos diferentes, y alguna vez exclusivos, a todos tranquiliza ser y sentirse iguales a los que están cerca. Es de suponer que el deseo de igualdad se refiera a la parte deseable, que nadie quiere parecerse en desgracia ni desvalimiento. Cuando estas líneas lleguen a los ojos de un lector, tal vez sigan iluminados por el doble efecto de los destellos que nos anuncian las fiestas navideñas, uno que nos atrae como polillas hacia la luz, igualándonos en ilusiones y buenos deseos, y otro que deslumbra y hace invisibles tantas diferencias y exclusiones, logrando con ello un efecto sedante. 

Me recordaba hace días un amigo su pesar infantil – porque entonces no se decía trauma- al tener que asistir a la escuela de parvulitos vestido con un baby que su madre le había hecho con todo el primor del mundo, pero con la mínima diferencia de que era beige en lugar del blanco que lucían todos los demás niños. Había que aprovechar la tela de un guardapolvos del hermano mayor –que aquello sí era una crisis permanente- de manera que la fila diaria añadía argumentos a su escasa afición por la escuela, a la vez que le hizo entender el cuento del patito feo sin necesidad de que se lo contaran.