Llegaron del norte de Europa en el siglo V, aprovechando las debilidades del imperio romano, y asolando, como era costumbre, cuanto encontraban a su paso, para instaurar reinados efímeros y errantes. Lo que debió ser una estrategia de eficacia conquistadora a base de terror, muy frecuente también entonces, tomó la acepción semántica que les adjudicaba, casi en exclusiva, la etiqueta de la destrucción. Tras un establecimiento breve en el valle del Guadalquivir, pasaron al norte de África y un siglo después quedaba de ellos, para la historia, un término para designar cualquier actitud devastadora.
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viernes, agosto 12, 2016
sábado, julio 16, 2016
Cuatro años ya
Va a ser ésta una columna falta de objetividad, cortada por la obstinación y un obituario a deshora. Enviada en su tiempo, esperé en vano su publicación hasta que, al pedir explicaciones, un encargado de la redacción condicionaba este necesario desahogo a la importancia y carácter público del fallecido, categoría en la que no podían entrar mis cálculos, por consistentes que fueran mis razones.
jueves, junio 16, 2016
Antes de nada
No es la primera vez y tampoco creo que sea la última. Con una columna preparada para saldar una vieja cuenta que mantengo con quienes realizan uno de los trabajos más duros que conozco -los estudiantes- me sorprende la urgencia de otros acontecimientos y se cruza una idea que desplaza lo previsto. Dejo para la próxima entrega, si me aguanta la redactora, esta deuda con los libros para lanzar una andanada a la corrupción, que amenaza con ahogarnos o con otro peligro no menor, el de acostumbrarnos a convivir con ella. Sin entrar en honduras lingüísticas, el término aproxima a cualquiera a la idea de podredumbre, putrefacción y mal olor.
viernes, mayo 13, 2016
Bicicletas
De siempre me han gustado las bicicletas. Tal vez porque, en lo más profundo de mis recuerdos infantiles, sigue vigente el deseo inalcanzado de tener una nueva, lo que sólo pudo paliarse, en parte, con una Frankenstein a pedales, resultado de la unión de piezas de otras, repintada mil veces y cedida en herencia forzosa por un amigo de mi hermano mayor cuando emprendía la incierta aventura de la emigración a Cataluña. Es difícil que la compra posterior de los coches que he tenido me haya supuesto mayor ilusión que aquel legado que me ofrecía evasión y libertad, a cambio de entrar en el peligroso mundo del tráfico rodado y acceder por vez primera a la propiedad privada.



