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sábado, noviembre 11, 2017

La Comunidad

 (fragmento representado de un disparate en clave de farsa…por ahora)

Juez.- ¿Reconoce usted, señor Vecino, haber levantado una pared en el pasillo medianero del  edificio “La Concordia” de Loja, en el que reside, de manera que aísla su vivienda del  resto? 

Vecino.- No exactamente, señoría. Hace más de 30 años, mi padre, anterior propietario del piso, reivindicó la conveniencia de hacer este arreglo que, desde entonces, se nos viene negando con reiteración, a pesar de que lo exigimos de forma pacífica. De hecho, nuestra vivienda, que tiene entrada propia a la calle trasera, se llama “Villa Paz”, lo que da una idea de nuestra actitud.

viernes, octubre 13, 2017

Homo Porcello


Si para conocer bien una ciudad hay que ver amanecer en ella, puedo asegurar que la que nos acoge se parece mucho a una persona de las que la salida del sol encuentra en un estado francamente mejorable: suelo con papeles, plásticos y otros residuos que los trabajadores de la limpieza se afanan en agrupar, decoraron impunemente la noche. 

martes, septiembre 12, 2017

Ya está bien...!

Hace dos años empecé a colaborar en esta columna mensual imponiéndome el pacto tácito de orillar polémicas y evitar cualquier postura de matiz político. Hasta ahora debo haberlo conseguido, salvo que mis desvaríos hayan sido tan faltos de entidad, que no han merecido discrepancia.  En esta ocasión, como de opinión se trata, voy a mojarme, por lejos que esté de mis propósitos, casi tanto como la lluvia de las previsiones meteorológicas. Merece la pena ante el disparate montado por algunos políticos catalanes.   

viernes, agosto 11, 2017

Te quiero gorda

Perdona la franqueza, pero advierte que no antecede coma al adjetivo, lo que aleja el sentido peyorativo de éste para otorgarle algo de posibilidad y hasta deseo, de forma que quizá puedas sentirte algo molesta, pero nunca insultada. Podría sentirme igual si me calificas de flaco y seguramente con los mismos méritos y el mismo fastidio porque, aunque estas cosas rara vez se confiesan, a casi todos nos gustaría tener el cuerpo de un atleta, un mentón de tipo duro de película y los brazos de algunos camareros. Todo eso, por no hablar de la cara, el pelo o los ojos de ese famosillo cuyo nombre mejor omito para no dar pistas sobre carencias y frustraciones. Comprendo tu estado de fastidio cuando te sientes observada de reojo en la tienda mientras buscas la talla imposible ante la mirada cruel de quien debería atenderte en lugar de negar malévola con una sonrisa condescendiente que huele a falsa desde lejos.