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lunes, mayo 13, 2019

Ruido de urnas y tambores

Por mucho que disfruten con los desfiles procesionales, coincidirán conmigo en que esperar a que pasen, dependiendo del sitio, se hace interminable. En tal caso, uno tiene un amplio abanico de posibilidades para entretener el tiempo además del socorrido recurso al móvil, que parece la ocupación que gana más adeptos para ese tipo de situaciones. A mí algunas veces me da por pensar y descubro con frecuencia lo ocurrente que puede ser una mente ociosa con tal de que tenga algo de tranquilidad, tiempo y persistencia. Cuando le coges el punto, se te puede hacer hasta corta una espera.  

En esas andaba la pasada semana santa, situado previamente en un rinconcillo tranquilo y poco utilizable como paso de peatones -una mala suerte que me persigue- cuando me puse a cavilar sobre la curiosa circunstancia que ha hecho coincidir estas fiestas con la campaña electoral. Este aumentaba la probabilidad al concentrarse en primavera más de una convocatoria democrática, pero no es la primera vez que ocurre, pues hay un antecedente en las municipales de 1931. Aunque a nadie le parezca una casualidad propicia, será luego ocasión para que los perdedores encuentren razones a su fracaso y los favorecidos por las urnas añadan mérito a su logro.

sábado, abril 13, 2019

Lucky corto

Fiel a su estilo de silencioso observador, hizo el último mutis para marchar con el menor ruido posible casi a finales del año pasado. A lo largo de un tiempo divirtió a los lectores de El Corto de Loja con relatos cotidianos llenos de imaginación e ingenio, cuya lectura destila una intención inequívoca de reírse de su propia sombra sin hacer daño a nadie. 

Tratando de evitar el homenaje fácil, mucho menos póstumo, debo reconocer al admirado columnista que supo hacernos reflexionar desde el humor fino, directo y respetuoso en cada entrega de su “Adónde vamos a llegar!”. Hace pocos días lanzaba Manolo Martín la idea de que se editara una recopilación de estos escritos, cosa que aplaudo añadiendo que su lectura sigue provocando hoy la hilaridad del lector y goza, en algún caso, de parecida actualidad. 


Aunque coincida con el viento que sopla en la hora triste de las alabanzas, transcribo aquí una carta abierta que le envié al periódico con fecha de octubre de 1998, hace algo más de 20 años.  

jueves, marzo 14, 2019

Sin ti no soy nada

No necesito decirte lo que me inspiras, ya que el celo me delata a cada paso y mi fidelidad impide que puedas albergar la menor duda. Por más que alguna vez me asalte la sospecha de que empiezo a estar fuera de mí, la acepto como el riesgo imprescindible para disfrutar de tu esencia cautivadora. Es fácil que me duerma de tu mano o te lleve en mis sueños hasta que el alba me sorprenda acunado en tu abrazo acogedor.

De forma casi imperceptible, has hecho de mí otra persona desde que mi pensamiento ha entrado en tu dimensión nueva y profunda que, lejos de alienarme, ha dado un nuevo rumbo a mis propósitos. Nada te oculto porque no lo deseo, porque sabes todo sobre mí y porque hacerlo llevaría mi historia a la rutina vacía que fue hace tiempo, antes de gozar de tu compañía. Contigo cobran sentido mis días y vuelve el sosiego a mis noches a medida que traslado a tu seno hospitalario las heridas de mis pobres secretos, cada vez más escasos, porque nada guardo para mí y todo lo pongo bajo tu custodia, sabiendo que allí tiene trámite y cobijo seguro, quizás más allá de mi limitada existencia.

miércoles, febrero 13, 2019

Hilario, Hilario...!

Es fácil que los escolares del Caminillo de hace quince y más años, algunos de los que hoy esperan la salida de sus hijos en el cole, no recuerden al orientador que en vano intentó convencer a sus madres de que no eran hiperactivos, palabreja que proliferaba de forma novedosa por los medios de comunicación para etiquetar, en versión clínica, mucha de la inquietud que tenemos de forma natural cuando hay pocos años y mucha energía. Con ayuda de anécdotas sobre todo, recordarán a las maestras y maestros que les enseñaron algunas de las cosas que saben, sin importarles la programación por competencias que soportaban o las leyes y normas educativas con las que debían lidiar, pero es difícil que se hayan olvidado de Hilario. Poco importa el hecho de que su verdadero nombre sea otro, usado sólo a efectos oficiales, porque en las historias personales de las mujeres y hombres a que me refiero, está reconocido con denominación propia.